José Manuel García Agüera
 
 
 
La Plaza de Toros de Coín, 1928
 
 
     
 
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  a F. G. G.  
     

Los antecedentes históricos que permiten constatar la celebración en Coín de las fiestas de toros provienen desde que estas eran un deporte caballeresco o un regocijo público. Se celebraban en las calles y plazas del lugar, atajando sus accesos con tablados y acomodando en andamios al mayor número posible de espectadores, tal como es y ha venido siendo hasta hace muy poco en muchos pueblos de nuestra piel de toro.

Solían celebrarse durante las ferias de mayo y de agosto, en honor estas de la Patrona y, mientras en la ermita se le rendía culto, en la villa (nos cuenta el licenciado Gallardo en su manuscrito de 1680) "hay todos los más años toros, juegos de cañas, alcancías, máscaras, moros y cristianos y otros entretenimientos". En 1678 estas fiestas no pudieron celebrarse debido a las epidemias que habían padecido las ciudades vecinas, quejándose por ello los coineños a la Hermandad de Nuestra Señora de la Fuensanta y pidiendo que se celebraran. Los hermanos decidieron, el 8 de septiembre, que éstas debían celebrarse en la primera ocasión que se presentara y acordaron para ello "comprar un toro".

Ya en el siglo XVIII se celebraban fiestas de toros en la Plaza Alta o Alameda, en ella se construía una empalizada de maderas que cerraba las salidas. Los toros se mantenían en calle Parra y salían a la plaza por el estrecho y corto callejón que las une, y que aún hoy sigue llamándose calle Toril. Para estos festejos se arrendaba por el municipio la plaza, en 1752 y posteriores fue arrendatario el escribano del consejo, y una de las cláusulas del contrato contenía la condición de que el cabildo al completo podía disfrutar de las corridas, y la presidiera el alcalde desde el balcón de la casa consistorial.

Corrobora la existencia de antiguos festejos taurinos en la villa el documento que se conserva en los archivos de la Real Chancillería de Granada, fechado en Madrid el 9 de marzo de 1763. En él se remite a Granada escrito exigiendo al corregidor de Coín, don Nicolás Atienza, para que explicara los motivos que tuvo al prohibir en las cuatro Villas del Corregimiento "las funciones de toros, capeos y máscaras", al no haber sentado muy bien esta medida a los lugareños y provocado con ello ciertos desórdenes públicos.

También en la Plaza Baja se daban corridas de toros en las fiestas, y ello lo confirma el acta municipal de 30 de julio de 1887 que recoge la solicitud que hace el "arrendatario de la plaza de toros", antes de la feria de agosto, de que se "limpie de cantillos el rincón de la Plaza Baja, que siempre se ha utilizado para chiquero y que necesita para el mismo objeto". Allí se construían gradas de madera y servía también como localidades la escalinata de la puerta principal de la Iglesia de San Juan, sin que fuera obstáculo alguno para ello la existencia en su centro de la preciosa fuente de mármol, que en más de una ocasión sirvió de refugio refrescante a lidiadores en apuros, como me contó don Francisco Torres Romero.

El transcurrir de los tiempos hizo que se fueran construyendo plazas fijas más cómodas y espaciosas donde celebrar los festejos y surgieron también las plazas portátiles. A primeros de este siglo las corridas en Coín ya se celebraban en plazas portátiles acondicionadas especialmente para la ocasión. Solían contratarse toreros de la zona con nombre y figuras famosas de la época, dado que el éxito de las funciones se aseguraba por la gran concurrencia del respetable.

Se celebraban principalmente como decíamos durante las ferias de agosto; las que se dieron, por ejemplo, en 1914 los días 9, 11, 14 y 15, a tenor del programa de festejos comenzaron todas a la taurina hora de las cinco de la tarde y fueron presididas por "24 bellísimas señoritas de esta localidad, alternándose seis cada tarde", lidiándose en cada una cuatro toros, mano a mano entre Bernardo Muñoz Carnicerito de Málaga y José Roda de Sevilla, que obtuvieron un gran éxito, pero son muchas otras a las que acudieron en tiempos de fiesta los aficionados coineños.

 
 
 
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En 1928 era tanta la afición de los coineños a la fiesta de los toros, que un grupo de empresarios y comerciantes de Coín entre los que se encontraban don Leandro Lomeña Castro, don Bonifacio Agüera Martín (mi abuelo materno), don Francisco Méndez Villalobos, don Francisco Presencio Vázquez y don Esteban Fontiveros Méndez, se constituyeron en sociedad para construir y explotar, "con arreglo a las últimas leyes de locales de espectáculos", una plaza fija, que fue inaugurada el Día de las Cruces durante la Feria de Mayo de ese mismo año, y estaba ubicada en el solar de lo que fue el antiguo Mercado de Mayoristas, hoy plaza de la Villa.

La Plaza de Toros de Coín, citada por el mismo don José María de Cossío en el primer volumen de su famosa obra, tenía cabida para 4.000 personas. Fue realizada toda de madera por los Talleres Domínguez de Ronda "y es la mejor plaza de esta índole que hemos conocido y no creemos pueda existir otra mejor. Une a su solidez, holgura y acumulación de detalles al uso y exigencias moderno, la presentación de una silueta de buen gusto, airosa y bonita". Así la definía en 1929 el reportero de la revista malagueña Vida Gráfica.

Estuvo funcionando pocos años y una de las figuras que más tardes actuó en aquella plaza fue el desigual Andrés Mérida. En ella se celebraron ininterrumpidamente muchos festejos taurinos, además de innumerables espectáculos folclóricos y cine de verano. Durante los preliminares y primeros meses de la II República sirvió también para mítines políticos; hasta que en la sesión municipal del 11 de septiembre de 1931 se da cuenta del escrito presentado por uno de sus promotores para desmontarla.

Esta fue la única plaza de toros construida de manera 'fija' que ha tenido Coín, aunque después de su desaparición siguieron dándose festejos taurinos en plazas portátiles instaladas al efecto, como se ha venido sucediendo con altas y bajas hasta nuestros días.

 
 
 
  Coín, 15 de noviembre de 2015  
     
     
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Fotografías e imágenes que se reproducen: 1.- Una tarde en la Plaza de Toros de Coín después de haber sido inaugurada en 1928. 2.- Colección de tres fotografías de un festejo taurino en una plaza portatil en Coín a primeros del siglo XX. 3.- Cartel de la feria de agosto de 1916. 4.- Cartel de la feria de mayo de 1926. 5 y 6.- Vistas de la Plaza de Toros de Coín en 1929. 7.- Cartel de la feria de agosto del mismo año, publicado en la revista malagueña Vida Gráfica. 8 y 9.- Muchachas coineñas antes de entrar a la plaza y coche que las llevaba hacia 1930, retratadas por el fotógrafo coineño Juan Marmolejo Vaquero.

Esta es una crónica ampliada de la que aparece en el libro del mismo autor 'Crónicas de Coín. Memoria fotográfica (1900-1962)'. Ediciones Coincidentes, Coín 2000.

 
     
 

 
 
             
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