Bonifacio Villalobos Pérez (Coín, 1922 – 2004) ha sido una de las personas más singulares e interesantes que ha dado este pueblo y que mejor ha conocido su identidad e idiosincrasia, siendo testigo de los acontecimientos más relevantes del acontecer de Coín y sus gentes en la segunda mitad del siglo XX.

A pesar de que su destino estaba marcado por la tradición agrícola familiar, desde niño se dedicó con tesón al estudio y muy joven consiguió plaza para trabajar en los arbitrios municipales del Ayuntamiento de Coín, obteniendo posteriormente la plaza de secretario del Ayuntamiento de Cuevas del Becerro.

Años más tarde, cuando la Caja de Ahorros de Ronda abrió en Coín su primera sucursal le propusieron trabajar en ella y él, que ya era novio de María Bernal de la Rosa, accedió gustoso al empleo y así volver a su pueblo natal, donde contrajeron matrimonio y del que nacieron cinco hijos: María, Matilde, Fuensanta, Dolores y Antonio.

Su preocupación intelectual, no desprovista de un gran sentido del humor, le llevo desde la década de los años 40 a colaborar periodísticamente en publicaciones locales coineñas como “La Voz de la Parroquia” y posteriormente, en los años 60, en el “Semanario Coín” entre otros.

Tras su jubilación se dedicó a ordenar los cientos de notas que fue elaborando pacientemente durante muchos años antes, hasta conformar su obra más conocida: “Vocabulario popular coineño”, que recopila exhaustivamente palabras y expresiones de uso corriente de Coín. Cada una seguida de su definición, anécdotas y comentarios. Un trabajo que fue publicado en dos tomos (1994-1996) por la Diputación Provincial de Málaga y que es hoy una obra fundamental para quien quiera conocer mejor el habla de este pueblo.

Su afición a la fotografía, que le venía de joven y siempre de manera autodidacta, le permitió desarrollar una sensibilidad artística que sin duda puede apreciarse en ellas. Unas fotografías que reflejan principalmente su vida familiar, amigos y entorno, tomadas con una modesta cámara, la misma con la que solía salir por el pueblo y sus campos, que él conocía tan bien.

Es esta su faceta plástica más desconocida y la que nos sirve, gracias a la colaboración y generosidad de sus hijos, para incorporar al archivo fotográfico de la Fundación García Agüera parte de su inédito legado fotográfico, queriendo con este recuerdo al querido paisano “revelar” nuestro sencillo homenaje de respeto y agradecimiento a su obra y persona.

Se han organizado las fotografías en series o colecciones teniendo en cuenta su temática, a las que se pueden acceder completas desde aquí y a las que acompaña un texto relacionado con ellas escrito especialmente por su hijo Antonio Villalobos Bernal.

 
    José Manuel García Agüera, Abril de 2018  
         
 

 
         
     
         
         

             
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